Como esto es para la presentación de mi blog, pues he pensado (¿ya empezamos?, si también lo hago alguna vez) que cualquier principio debe iniciarse por el principio, y como aquello de…
“Mi infancia son recuerdos de un patio de...”
Ya lo plagió un tío sesenta y tantos años antes de que yo naciera y que, gracias mi talento nasciturus, se convirtió en el poeta por excelencia, empezaré por donde se suelen empezar las cosas,... por el final. ¡La frase no dice nada, pero rellena que no veas!, ¡joer, si es que tenia que haber sido político o analista financiero, que para el caso es lo mismo!
Nací en un pueblo feo de cojones, pero era el mío, porque mira que era feo, pero feo, feo, feo. Eso si, gracias a la polución y a la ingente cantidad de mierda que expulsaban las fabricas, tenias la ventaja de que tampoco veías mas allá de dos o tres metros de pueblo, y era una ventaja, porque podías escaquearte cuando te llamaba para la cena y decir que estabas ahí al lado, no funcionaba, desde luego, porque la ensalada de ostias te la llevabas igual, pero en versión… “que injusta he sido con el niño” y consiguiente remordimiento, que a ti, no te quitaba el recalentón nalgar pero ¡joder!, algo es algo.
¿Y cuando nací? Pues un día de un año cualquiera, pero que, “por casualidad” (¡Joder mama! ¡Que poco tacto!) Era el día de los animales, cuando por debajo de mi casa (–Si ¡gilipollas!, ¡entonces nacíamos en casa, y no en un hospital lleno de aparatos sin garantías ante cualquier riesgo eventual! ¡Nuestras progenitoras no se la jugaban como ahora!), pues... ¿que estaba diciendo? ¡Ah, si! Cuando por debajo de mi casa pasaban los burros, mulas, caballos y resto de ganado semoviente. ¡Que ¿que es eso?! Joder, así es como llamaban, las fuerzas vivas del pueblo, es decir el cura, el alcalde, y el director del banco, usease, la autoridad espiritual, la autoridad civil y la autoridad económica, a los pobladores del terruño. ¡Ale listo! ¡A ver si adivinas quien de los tres era mi padre! (una pista, el alcalde era alcalde por los huevos que lucia la señora alcaldesa y a los curas entonces no se les permitía liberar endorfinas por el método ogino-knaus y algunos, hasta eran célibes de verdad)
“Mi infancia son recuerdos de un patio de...”
Ya lo plagió un tío sesenta y tantos años antes de que yo naciera y que, gracias mi talento nasciturus, se convirtió en el poeta por excelencia, empezaré por donde se suelen empezar las cosas,... por el final. ¡La frase no dice nada, pero rellena que no veas!, ¡joer, si es que tenia que haber sido político o analista financiero, que para el caso es lo mismo!
Nací en un pueblo feo de cojones, pero era el mío, porque mira que era feo, pero feo, feo, feo. Eso si, gracias a la polución y a la ingente cantidad de mierda que expulsaban las fabricas, tenias la ventaja de que tampoco veías mas allá de dos o tres metros de pueblo, y era una ventaja, porque podías escaquearte cuando te llamaba para la cena y decir que estabas ahí al lado, no funcionaba, desde luego, porque la ensalada de ostias te la llevabas igual, pero en versión… “que injusta he sido con el niño” y consiguiente remordimiento, que a ti, no te quitaba el recalentón nalgar pero ¡joder!, algo es algo.
¿Y cuando nací? Pues un día de un año cualquiera, pero que, “por casualidad” (¡Joder mama! ¡Que poco tacto!) Era el día de los animales, cuando por debajo de mi casa (–Si ¡gilipollas!, ¡entonces nacíamos en casa, y no en un hospital lleno de aparatos sin garantías ante cualquier riesgo eventual! ¡Nuestras progenitoras no se la jugaban como ahora!), pues... ¿que estaba diciendo? ¡Ah, si! Cuando por debajo de mi casa pasaban los burros, mulas, caballos y resto de ganado semoviente. ¡Que ¿que es eso?! Joder, así es como llamaban, las fuerzas vivas del pueblo, es decir el cura, el alcalde, y el director del banco, usease, la autoridad espiritual, la autoridad civil y la autoridad económica, a los pobladores del terruño. ¡Ale listo! ¡A ver si adivinas quien de los tres era mi padre! (una pista, el alcalde era alcalde por los huevos que lucia la señora alcaldesa y a los curas entonces no se les permitía liberar endorfinas por el método ogino-knaus y algunos, hasta eran célibes de verdad)
Pues eso, que nace el que suscribe, y lo primero que oye es... ¡Mire señora, la comadrona y yo hemos hecho lo que hemos podido, pero ha nacido vivo!, ¡resignación! Y yo, sintiéndome vejado, di mis primeros rebuznos, acompasados de cuantas funciones escatológicas se me ocurrieron para poner a la comadrona perdida y jurando en arameo.
Y es que lo que había salido a este valle de lágrimas, era lo menos parecido a un cachorro de la especie homo sapiens, era, como se pudo demostrar con los años, el ultimo vestigio del Homo Erectus, ¡joder pues que le voy a hacer si nací empalmao!
En mi pueblo, como ya os he dicho, el que mas mandaba era el cura, vestido con su inmensa bragueta que le iba de los pinreles a la peineta, y que yo pensaba para mis adentros, que era una imposición de la Santa Sede para evitar subidones concupiscentes, porque en caso de recalentón, el tiempo empleado en desabrochar aquella bragueta inmensa y el dolor causado por la acumulación sanguínea era tal que, siguiendo las costumbre de la época, de no alargar el pecado contra el sexto mas de lo estrictamente necesario, descartaba muchísimos intentos de refocile y libidinosidad.
Para el que no vivió aquellos esplendorosos años, les informare, que fue en aquella época cuando se invento la otrora bendita y ahora injustamente denostada "eyaculación precoz" y el motivo de aquello era incuestionable, salvaguardar el alma de su definitiva condenación al evitar un disfrute insano, alarmante y dilatado (¡en el tiempo, animal!, ¡no hablaba de esa dilatación!). Estaréis conmigo que, el pecado, si breve, menos pecado.
Así pues, ahora sabéis porque mucha gente señalada con el dedo acusador en muchos casos de divorcio, son injustamente tratados, cuando su única intención era cumplir de soslayo, con esa ardua tarea de iniciar el engendramiento al mas puro estilo monacal, procurando no caer en el vicio de la lujuria y el desenfreno.
En fin, que con semejantes antecedentes, no es de extrañar que la mayoría de lo de mi pueblo, usease, los descendientes varones de aquel entrañable y pío “ganado semoviente” hayan acabado pagando pensiones como descosidos, hipotecados hasta las orejas, sin que el manto vaticano haya hecho la menor intención de acogerlos en su seno redentor.
Bueno, eso era una apostilla, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Continuemos.
La cuestión es que en aquella tesitura mi evolución infantil no fuera un dechado de virtudes, entregado al onanismo y al tabaco, inicie con vehemencia mis variopintos problemas oculares y mi sempiterna tos y en un día aciago... ¡me pillaron! ......fumando. ¡Será jodida la tía!, es que fue una alma caritativa de condición femenina la que me pillo, (lo de “condición” es por no decir “sexo” en horario infantil).
Sobre este tema he de apostillar algo que quizás alguno recordéis, y era en el momento de “la Confesión”, recuerdo que existía una manía persecutoria y un interés especial por parte del clero en un determinado mandamiento, la pregunta decía mas o menos así Sic. “¿Has pecado contra el sexto? ¿Cuántas veces? ¿Solo o acompañado?” ¡Vamos! ¡De que va este tío! ¡Pues no me pregunta que si solo o acompañado!, lo del numero...pase, pero lo otro... ¡Joder, entonces yo estaba convencido que la única manera de pecar contra el Sexto era hacer oposiciones para quedarse ciego y no se me ocurría vender entradas pa que vieran como me hacia unas pajas!
Mas tarde descubrí, que el Sexto incluye el intentar rellenar con el pinglanillo cualquier agujero aprovechable de cualquier ser, vivo o muerto, lo de muerto es en homenaje a todos los hombre y mujeres, compañeros y compañeras, ciudadanos y ciudadanas que dedican el sábado a echar un polvete de oficio (Como todo lo de oficio, mediocre por naturaleza).
¡Que! ¿Esperando que cuente como perdí mi proverbial honra y castidad? Pues eso tendréis que esperar al próximo capitulo, porque solo he llegado hasta mis 8 añitos de tierna infancia. También incluiré referencias al juicio sumarísimo por el delito del fumeteo.
Toriaezu hoka niwa nani mo arimasen.
(Que quiere decir “Por ahora, eso es todo.”)
Sayonara
Akimeto Akisaco.

Ha sido muy entretenido releer este capítulo de la vida del señor de la guerra, puesto que como usted bien dice, no es nuevo y en su día ya tuve la curiosidad morbosa bien satisfecha de conoceros un poco más. Cuando aun no sabía este valle de lágrimas lo que había rebuznado en sus dominios. Pero curioso es , que al volver a leer se descubren cosas que una primera leída no se percata uno bien. Y es que ahora entiendo señor Samurai... Porqué cada día está usted más cegato.
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